Desde los valles de Rivendell partió la Compañía en silencio, sin canto ni celebración, como corresponde a aquellos viajes cuyo final no puede ser previsto.
Pocos entre los presentes ignoraban que no se trataba de una simple marcha, sino del inicio de un camino del que dependería el destino de la Tierra Media.
Del silencio en la despedida
No hubo júbilo en la partida, ni palabras elevadas para aligerar la carga.
Pues quienes contemplaron su marcha sabían que, en este tiempo tardío, incluso la esperanza camina acompañada de sombra.

De los compañeros
Aquellos que partieron lo hicieron unidos no por linaje ni por antigua alianza, sino por necesidad.
Tal unión, extraña en otros tiempos, es reflejo de un mundo que cambia, donde los pueblos libres ya no pueden permitirse caminar separados.

Del camino que se abre
El sendero que tomaron los llevó hacia el sur y el este, siguiendo rutas antiguas que aún recuerdan los pasos de otras edades.
Pero ni los caminos ni las tierras son ya como fueron, y en muchos lugares la memoria ha sido reemplazada por la oscuridad.
Reflexión élfica
Para los elfos, este acontecimiento no es sino otro signo de que la Tercera Edad se aproxima a su ocaso.
Las decisiones que ahora se toman no buscan preservar lo que fue, sino decidir cómo habrá de terminar.
Pues aunque algunos aún esperan la victoria, pocos ignoran que, incluso si esta llega, el mundo no volverá a ser como antes.
Y aquello que una vez fue eterno, ahora se desvanece lentamente.
Así queda en la memoria que la Compañía partió desde Rivendel, no como un ejército, sino como un último intento de alterar un destino que ya se encuentra en marcha.
