Bajo la montaña: regreso a Khazad-dûm

Cerrados los pasos de montaña por la nieve y el viento, no quedó a la Compañía otra elección que buscar camino bajo la tierra.

Así, lo que para algunos es refugio, para los enanos es memoria… y advertencia.

Ilustración de la entrada a Moria

Khazad-dûm fue en su día la más grande de nuestras moradas: vasta en salones, rica en vetas de piedra y metal, forjada con el esfuerzo de generaciones.

Su nombre no se pronuncia sin respeto, ni su recuerdo sin pesar.

Pero aquello que habita ahora en sus túneles no es obra de los enanos.

Hace tiempo que las forjas se apagaron y las voces callaron, y lo que quedó atrás no pertenece a la luz ni a la labor honrada.

Pocos entre los nuestros hablarían de ello abiertamente. Pues aquello que despertaron, lleva en este mundo desde el principio, y su sola mención provoca terror en los corazones.

El Balrog

La entrada en Khazad-dûm no es únicamente una elección de ruta.

Es un retorno a un lugar que fue abandonado por necesidad, no por voluntad.

Y todo regreso a la profundidad exige un precio…

Las minas de Moria ya no son un lugar seguro…

No olvidamos lo que allí se perdió.

Ni ignoramos que algunas puertas, una vez abiertas de nuevo, no se cierran con facilidad.

Queda así registrado que la Compañía ha descendido bajo la montaña, internándose en un lugar donde la historia aún pesa sobre la piedra.

Lo que encuentren en la oscuridad no será nuevo, sino antiguo… y no por ello menos peligroso.