Que quede registrado en la memoria de los Hijos de Aulë lo acontecido en la casa de Rivendell, donde fueron convocados representantes de diversos pueblos para tratar asuntos que conciernen al destino de toda la Tierra Media.
No acudimos por voluntad ligera, sino por necesidad, pues incluso las montañas sienten cuando el peligro se acerca.
Sobre el Consejo
En el consejo se hablaron muchas cosas: de guerras pasadas, de alianzas olvidadas y de la creciente fuerza del Enemigo en el Este.
Mas lo que mayor peso tuvo fue la revelación sobre el Anillo Único, artefacto de poder antiguo cuya sombra alcanza incluso a aquellos que habitan bajo piedra.

Palabra de los Enanos
Fue traída noticia desde nuestras propias estancias, pues mensajeros del Enemigo han comenzado a indagar también entre los enanos.
Buscan información, nombres y alianzas, ofreciendo promesas que ningún enano de honor aceptaría.
Este hecho confirma que la amenaza no distingue entre pueblos, y que incluso aquellos que viven en fortalezas profundas no están fuera de su alcance

De Khazad-dûm
En el transcurso del consejo, se habló también de Moria, antaño conocida como Khazad-dûm, la mayor de nuestras mansiones.
Su nombre aún pesa en la memoria de nuestro pueblo, y su mención no es ligera.
Algunos consideran que podría ofrecer refugio o paso en los caminos venideros, aunque no todos los presentes compartían tal parecer.

De la decisión
Se decidió que el Anillo debía ser destruido, no reclamado ni utilizado.
Aunque entre los enanos no faltan quienes reconocen el valor de los objetos forjados con poder, también sabemos que no toda obra puede ser dominada por quien la empuña.
En esto, el juicio fue claro. Debe ser destruido.
Habiendo recaído la responsabilidad de portar el anillo en un enclenque, aunque valeroso hobbit, uno de los nuestros, Gimli, hijo de Gloin, se ha prestado para partir junto a él y otros elegidos del consejo, para formar la Compañía del Anillo.

Observación enana
No es propio de los enanos confiar en empresas inciertas ni en esperanzas vagas.
Sin embargo, lo acordado en Rivendel deja claro que los tiempos que vienen no permitirán permanecer al margen.
Toda forja, toda sala y toda riqueza quedarán expuestas si el Enemigo prevalece.
Así queda registrado que los enanos escucharon, hablaron y juzgaron según su saber, y que no ignoran el peso de lo que se ha puesto en marcha.
Pues aunque la guerra aún no haya llegado a nuestras puertas, su eco ya resuena en la piedra.
