Gondor resiste mientras la sombra crece en el este

I. El Reino de Gondor en la Sombra

En los últimos años antes de la guerra abierta, Gondor era ya un reino fatigado, pero aún orgulloso. Minas Tirith se alzaba como bastión de resistencia, aunque sus muros veían cada vez menos esperanza y más vigilancia.

Denethor, Senescal de Gondor, gobernaba con mano firme pero desgastada. Las palantíri, antaño instrumentos de sabiduría, se convirtieron en espejos de desesperación. Mientras tanto, en Osgiliath, las ruinas se transformaban en frontera sangrienta, donde la guarnición apenas lograba contener el avance de Mordor.

Los cronistas registran que fue en estos días cuando la palabra “guerra” dejó de ser amenaza lejana y se convirtió en rutina.


II. Rohan y la Sombra del Oeste

En Rohan, los días previos a la guerra estuvieron marcados por la sospecha y el aislamiento.

Théoden, Rey de los Jinetes, cayó bajo la influencia de Lengua de Serpiente, consejero de Saruman, y con ello el reino se debilitó desde dentro. Edoras permanecía silenciosa, mientras las patrullas de los jinetes eran cada vez más escasas.

Sin embargo, los Éored del oeste comenzaron a notar señales: orcos en los bordes de las Emyn Muil, lobos inusualmente audaces, y mensajeros que no regresaban.

El reino de los caballos, aunque dormido, no estaba muerto.


III. Los Reinos del Norte: Dúnedain y Vigilantes

En Arnor ya no había reinos visibles, pero sí herederos.

Los Dúnedain del Norte, dispersos y ocultos, mantenían una vigilancia constante sobre los caminos del norte de la Comarca y Bree. Aragorn, conocido entre ellos como Trancos, lideraba pequeñas compañías que actuaban como sombra contra sombra.

Sus crónicas hablan de incursiones silenciosas, de protección a viajeros inconscientes del peligro, y de una guerra que no buscaba gloria sino contención.


IV. Minas Tirith y la Preparación del Fin

Cuando las señales de guerra fueron ya innegables, Gondor comenzó a prepararse para lo inevitable.

Faramir, capitán de la guardia, organizó patrullas hacia Ithilien, donde la resistencia era imposible pero necesaria. Allí, los hombres de Gondor aprendieron a golpear y desaparecer, a sobrevivir entre sombras.

La llegada de los Nazgûl volando sobre el Anduin marcó el punto de no retorno. Desde ese momento, toda estrategia se convirtió en defensa desesperada.


V. Los Hombres del Sur y del Este

Los cronistas mencionan también a los pueblos menos recordados: los Hombres del Sur (Harad) y del Este (Rhûn).

Muchos fueron reclutados o sometidos por Sauron, pero no todos lo hicieron por voluntad. Algunos relatos hablan de mercenarios, otros de reyes vasallos, y algunos incluso de dudas internas en medio del servicio al Ojo.

En el campo de batalla, su presencia fue masiva, pero no homogénea: entre ellos había tanto fanatismo como miedo.


VI. El Momento de la Alianza

Cuando finalmente estalló la guerra en su forma plena, los hombres de Gondor y Rohan se encontraron no como aliados planificados, sino como necesidad inevitable.

La carga de los Rohirrim en los Campos del Pelennor fue vista por los cronistas como el punto más alto de la resistencia humana: no por victoria asegurada, sino por desafío abierto a la oscuridad.